Colombiano que se respete, arma paseo para una finca

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Se empiezan a repartir las responsabilidades: la olla, el revuelto, el mecato, la carne, la leña y el “chorro”, apelativo con el que nombramos ese elixir que causa risas, lágrimas, amigos y, en ocasiones, situaciones incómodas que no queremos recordar del paseo.

Porque eso es algo representativo en Colombia, que no sabemos descansar, es lo que dicen los europeos cuando llegan a la finca y se quedan horas leyendo, o los asiáticos que pueden durar un día entero en una hamaca.

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Mientras nosotros los colombianos saboreamos la piscina hasta que los dedos estén arrugados, jugamos cartas hasta que los números se borren y bebemos desde que empieza el paseo, como si el trago nos lo fueran a quitar, sin pensar en las consecuencias del guayabo cuando volvemos.

¡Vamos para la finca! Es la frase que cualquier persona empieza a sentir en la sangre, empaca como si se fuera a cambiar de casa y se gasta hasta lo que no tiene porque “eso no se ve todos los días”, así al lunes se encuentre tocando la puerta al de la tienda, el de la buseta, el del estanquillo, y el amigo aquel que le prestó plata porque cuenta chistes muy buenos.

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Pero seguimos de paseo, sin importar las consecuencias, porque el que trabaja en Colombia merece un paseo, y al que lo “invitan” a todo también, así en la finca sea el que casi daña el paseo, porque al otro día volvemos a ser amigos y en el “desenguayave nivelamos”, la excusa del que no quiere que se termine el “descanso”.

Y lo mejor, a parte de la gente, es que en nuestra tierra disfrutamos de todas las estaciones en un mismo día, saludamos a todo el que vemos y nos hacemos amigos del primero que aparezca, así no lo volvamos a ver.

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Jhoana Marcela Muñoz
Acerca de Jhoana Marcela Muñoz 144 Articles
Comunicadora Periodista de la Corporación Universitaria Lasallista - Diplomado en Ambientes Virtuales de Aprendizaje