Razones para amar a la Iglesia

Sólo la iglesia me ha dado a Cristo
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Razones para amar a la Iglesia

No puedo escribir sobre las cosas que amo sin hablar sobre la Iglesia. Comprendo que al hacerlo, no estoy muy a la moda, porque hoy lo que prima es hablar de ella con despego y ferocidad, incluso entre los creyentes. Lamento no entender a las personas que la insultan o desprecian y a quienes se sienten avergonzados de su historia. Mientras esté en la tierra, ya tengo bastante trabajo con quererla, como para encontrar también tiempo para ver sus fallas. Tengo muchas razones para amar a la Iglesia.

1. Es la esposa de Cristo

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La primera es que ella salió del costado de Cristo. ¿Cómo no amar aquello por lo que Jesús dio su vida ? ¿Cómo amar a Cristo, sin amar aquellas cosas por las que él murió? La Iglesia santa o pecadora, sigue y seguirá siendo la esposa de Cristo. ¿Puedo amar al esposo/a despreciándolo/a?

2. Sólo la iglesia me ha dado a Cristo

Sólo la iglesia me ha dado a Cristo
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La segunda razón por la que amo a la Iglesia es porque ella y sólo ella me ha dado a Cristo y cuanto sé de él. Por medio de esa cadena larga de creyentes mediocres, he tenido el recuerdo de Jesús y su Evangelio. En efecto, en ocasiones lo ha ensuciado al transmitirlo, pero todo lo que sabemos de Cristo provino a través de la Iglesia.

Es cierto que cuando digo “creo en la Iglesia” lo que estoy diciendo es que creo en Cristo, que sigue estando en ella; lo mismo que cuando afirmo que bebo un vaso de vino, lo que realmente bebo es el vino, no el vaso. ¿Pero cómo podría beber el vino si no tuviera el vaso? El canal no es el agua, pero qué importante el canal que la trae y que me entrega razones para amar a la Iglesia.

3. Me transmite todos los regalos de Cristo

Me transmite todos los regalos de Cristo
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El centro final de mi amor es Cristo. San Ireneo decía “ella es la cámara del tesoro donde los apóstoles han depositado la verdad, que es Cristo”. San Cipriano decía, ella es “la sala donde el Padre de familia celebra el desposorio de su hijo”. ¿Cómo podría no amar yo a quien me transmite todos los regalos de Cristo?: La Eucaristía, el perdón de los pecados, su Palabra, la comunidad de mis hermanos, la luz de la esperanza.

4. Los Santos son la Iglesia

Razones para amar a la Iglesia
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La historia de la iglesia es triste: está llena de ministros pecadores (yo soy uno de ellos). Si, es cierto. Pero también está llena de santos (Juan Pablo II es uno de ellos) y esta es la otra razón de mi amor. Los santos son la Iglesia, son lo que justifica su existencia, son lo que no nos dejan perder la confianza en ella. La Iglesia visible es lo que nosotros podemos ver de la invisible, pero como nosotros tenemos enfermos los ojos, sólo vemos las zonas enfermas de la iglesia. Nos resulta más cómodo. Si viéramos a los santos, estaríamos obligados a ser como ellos. Sin embargo, nos resulta más rentable “tranquilizarnos” viendo sólo sus zonas oscuras, con lo que sentimos, al mismo tiempo, el placer de criticarlas y la tranquilidad de saber que todos son tan mediocres como nosotros. Si nosotros no fuésemos tan humanos, veríamos más los elementos divinos de la Iglesia, que no vemos porque no somos dignos de verlos. Esta es otra de las razones para amar a la Iglesia.

5. La Iglesia es imperfecta

La Iglesia es imperfecta
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Yo amo con mayor intensidad a la Iglesia, precisamente “porque” es imperfecta. No es que me gusten sus imperfecciones, es que pienso que sin ellas hace tiempo me habrían tenido que expulsar de ella. A fin de cuentas, la Iglesia es pecadora porque está formada de gente como nosotros, como tú y como yo. Esto nos permite seguir dentro de ella. Gracias a ello podemos agradecerle a Dios cada día, que aún no nos hayan sacado de esa casa que no nos merece. Tenemos claro que debemos luchar por mejorarla.

6. La Iglesia es mi madre

La Iglesia es mi madre
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La otra y más cordial de mis razones para amar la Iglesia es porque literalmente es Mi Madre. Ella me engendró y me sigue “amamantando”. ¿Cómo entonces sentirnos avergonzados por sus arrugas, cuando se le fueron haciendo de tanto “darnos y darnos” luz a nosotros?

Por todo ello, anhelo encontrarme siempre en ella como lo fuera en un hogar caliente. Y deseo – con la gracia de Dios – morir en ella, como soñaba y consiguió Santa Teresa. Será mi más grande orgullo en la hora de mi muerte.

Estas son las razones para amar a la Iglesia y qué agradecido tengo que estar con mis padres por haberme permitido nacer en el seno de la Iglesia. No sin razón digo todos los domingos: “Creo en la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica.”

 

Presbítero Carlos Mario Hincapié

Parroquia Santa Juana de Arco

Daniel Rodríguez Poveda
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Abogado Magíster en administración de empresas. Profesor universitario y pionero en transformación digital para el crecimiento económico y social de Colombia, reconocido por el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones.